
Pruébalas, ¡no podrás parar!
Si hay un lugar en el mundo en el que se pueda disfrutar de juegos gratuitos es en las páginas web de marcas. Parte de la promoción que llevan a cabo las empresas para dar a conocer sus productos pasa, en los últimos tiempos, por ofrecerle al visitante online distracción gratis. Nada de versiones de prueba o flash que luego no funcionan como es debido. Con el pretexto de la promoción, y sobre todo en el caso de todos aquellos productos dirigidos a un público infantil y juvenil, estas marcas ponen a disposición del público juegos de todo tipo. Aunque, por lo general, suelen ser versiones de clásicos adaptados a la estética de la marca.
Es el caso, sin ir más lejos, de la página web de Matutano. La marca de snacks más famosa de España, la que nos alegró la infancia mediante su redonda y blanca cara sonriente, se convierte ahora en el icono del clásico Simon. Y no del “Simon dice…”, aquel en el que uno ejerce de líder y dirige a los demás. Me refiero al Simon de la musiquita y los colores, aquel en el que la máquina nos desvela poco a poco una melodía que debemos memorizar para repetir. Ágil y tan divertido como el original, la propuesta incluye una clasificación a mano derecha que te permite comprobar las mejores puntuaciones. Un buen pasatiempo para ratos ociosos.
Pero las distracciones que nos propone Matutano no acaban ahí. Os recordamos que recientemente esta marca se ha unido al cantante Peret para lanzar sus deliciosas novedades. MatuPipas con sal, MatuPipas tostadas, MatuKikos y MatuMix. Gracias al videoclip promocional, que contagia su ritmo y buen rollo, y a su delicioso sabor están condenadas a convertirse en el aperitivo estrella del verano. El mítico rumbero es el protagonista de esta campaña que nos sorprende con una canción que viene a alegrarnos el día. Ni más ni menos que una nueva versión de su conocida Gitana Hechicera: La Pipa Hechicera (MatuPipa tiene poder).
Aunque no se trata de un juego, ver a Peret tan vital como siempre es muy distraído. La acción transcurre en un tranquilo pueblecito de la costa, donde podemos ver cómo un curioso loro se come una MatuPipa y se transforma en el cantante. A partir de ese momento empiezan la alegría y el buen rollo. Peret canta la pegadiza canción mientras todo tipo de personas se le unen, bailando al ritmo de la melodía por todo el pueblo y culminando en una fiesta improvisada en la playa hasta el anochecer.

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